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jueves, 14 de mayo de 2026

¡Hola Cuqui!

 


Crujen los muelles bajo nuestros pies descalzos,

con la silueta perfilada del jaleo,

reverberando

al compás de las ondulaciones del agua,

frente al velero desarbolado de tus abrazos.


¡Soltando amarras!

gritas con tu sonrisa Mona Lisa,

añadiendo sibilante

¡Hasta luego Cuqui!

 

Delirios salvajes

cual esporas de licopodio,

agolpados sobre el salitre de nuestras lágrimas,

repeliendo las necesidades del dictado,

las que pretendieron domar las tangentes de nuestras páginas.

 

Nada dura siempre,

resuena entre el tintineo de las drizas destensadas,

bajo la voluntad del viento,

a la luz de una Luna,

azuzando las velas de nuestras tramas.


Nada dura siempre,

aunque el recuerdo perdura,

se licua,

haciéndonos sueños

de un tiempo que se fue.


¡Hola Cuqui!

susurra el tiempo,

entre priones prendidos,

y apretadas prisas,

llamándonos

a desayunos privados de abrazos.


Una mueca de sonrisa Mona Lisa,

se dibuja en el reflejo de la plata de la estancia,

en un último recuerdo de zozobra,

añadiendo sibilante,

¡Hasta luego Cuqui!



                                           (Para Charo)




miércoles, 29 de abril de 2026

Alas de mariposa


Paseando por el prado verde, padre, hijo y adoquín, su sabueso tuerto, con sus nueve meses encofrados en la familia del siniestro

Hijo: papá, papá, mira, una mariposa lisiala!


Buscamos lo que somos

en el constructo que sostiene que,

el ser es material.

Cuando esto falla,

se proyecta la ansiedad por seguir encontrándonos,

como algo invisible,

el alma eterna,

movida por unos hilos también invisibles,

manipulados por las manos de un ser eterno,

resueltos a ser importantes,

a tener un fin.


Cuesta tanto reconocer el ser una mera casualidad,

un tropiezo enjaulado,

juguetes soñados,

amados,

deseados y odiados,

en un tiempo concreto que,

se desvanece con nosotros mismos,

al desdibujarse la mueca del haber sido conciencia,

en la insoportable levedad del ser


Padre: písala, písala, que ya no vuela, tiene el ala rota!

Adoquín, agudo, con el olfato de las huestes y ávido del titubeo, dando un salto se sitúa sobre el trofeo, engulléndolo de un sorbo.

Hijo: papá, papá! Adoquín se la ha zampado. Ahora la mariposa irá al cielo?

Padre: no, chiquillo, no! La cagará adoquín y será abono de progreso. Hijo, todo el mundo sabe que las mariposas no van al cielo!

Hijo: aaah! ...claro papá!

Adoquín, orgulloso, se relame satisfecho, y se tira un pedo, da tres vueltas sobre sí mismo, acelerado, olisqueándose el trasero, y caga y caga hasta lo inconfeso.

Hoy será día de celebración en la casa del siniestro.

Hijo: papá, papá, ¿Qué habrá para comer hoy? Mariposas? Ja, ja, ja... 

Paseando por el prado verde, padre, hijo y adoquín, su sabueso tuerto, se alejan ladera abajo, bromeando felices, entre ladridos y risas, hasta el ocaso del titubeo.

Brisa de primavera, y dos mariposas inquietas revoloteando a ras de suelo, posándose grácilmente sobre el montículo de lo inconfeso, extendiendo sus entumecidas probóscides, para sorber las sales del excreto.

Prosiguen ladridos, risas y juegos, emergiendo los tenues restos de sus ecos a lo lejos. Himnos de espectros etéreos, fluyendo en las coordenadas de una de las tangentes de la irrepetible levedad del ser.

 


jueves, 12 de marzo de 2026

Capitán, capitán

 

 

Cansado te encuentro,

recostado bajo el cielo del Olimpo,

haciendo tiempo

bajo las estrellas de la inspiración de mis pestañas,

con tu sonrisa labrada

por el cierzo de los azotes mundanos,

los que pretendieron domar

los compases de tu trote errático

con el trasfondo de los Doors.

 

Asido al pitillo precipitado

que siempre me pareció el mismo, 

el que sostiene tu cuerpo escuálido

y lleno de cicatrices,

oliendo como siempre

a ballena de tormentas y almizcle de adoquín,

con los zapatos roídos

por tanto desandar

en tus viajes de huida

al abrazo de la montaña

y al agua de arrollo.

 

Trashumante de ballenas blancas,

de cuarteadas vísceras sin vesícula,

de sufridos ojos deslumbrados

por la inspiración de sus domingos,

te doy las gracias,

porque hoy,

me has dado pan y peces de nostalgias

a manos llenas.

 

Capitán, capitán,

todo cambia,

pero hay que huir de los duelos eternos.

 

Capitán, capitán,

por el amor a las ballenas imposibles,

escribe más.