Feliz cumpleaños de los cumpleaños,
con un despertar solemne,
resoplando hacia las velas del comienzo,
zigzaguendo en un presente ya pasado,
que decanta hacia los 60 abriles y un segundo,
y dos, y tres,...
y volverse a ver
cortando el pedacito de pastel
con las mismas manitas colibrí
que jugueteaban con el chocolate del abuelo,
con la cara enamorada de sorpresas,
pintada de chocolate digital,
luciendo coleta palmera
con una pinza de don Mickey el ratolín
Con cada clic,
con cada clac,
con su cámara de placas,
congelando momentos prendidos de nostalgias,
mostrando nuestras infancias a pelo,
lo que ahora se perseguiría a contrapelo,
cual hiato estratigráfico
de un mal cuento
Recuerdos de las pilas de huesitos de santo
asomando por la cesta abuela,
y nuestros padres y madres con los brazos abiertos
al volver de las discotecas,
y sus broncas cabalistas,
de las que nunca acertabas el secreto
Prisas, risas y besos,
semillas de un pasado,
germinado, crecido y marchitando
entre las dificultades por sostener la memoria de una madre
en comunión de desapego,
y un fragor mutante derivando hacia el olvido eterno
Soñar despierta con mi primera moto,
una movylette roja carmin
que duró dos telediarios,
pese a sus cadenas
Jirones hechos trizas de presuntos maridos,
entre risas zurzidas con pan y cebolla
y la premura por huir
Parejas de pluma y tintero,
de posesiones prendidas
por el temor al desconsuelo
Y unas navidades tuertas,
con el aburrimiento de telecirco,
voy y contacto con el barquero,
henchido de cicatrices bucaneras y olvidos pasajeros,
y decido volver a trepar por la trama de lo social,
como siempre,
haciendo nido
sin arneses ni cuerdas,
con ese temor contenido de volver a caer a los abismos,
pero decidida a retomar el vuelo con manta y cuchillo,
porque,
ya no queda nada más atrás,
ya no hay tiempo de entremeses,
ni de entre semanas,
ni de entre horas
Es el momento de quemar las velas,
prendida
por la tenue luz de la llama,
que crece y crece,
mordiendo tu momento dulce,
sintiendo el calor en la cara,
como en aquel último concierto de Rammstein,
sonando Adieu,
pero ahora
blandiendo las espadas
frente a la insoportable levedad del ser