Sol de abrigo viejo
alejando el frio de un nuevo comienzo,
con las sandalias rígidas del desandar,
envuelto en celofán de virgen,
resuelto a dar un primer paso,
con la asfixia traslúcida del por descubrir,
con un gallo en la garganta
por no hablar durante tanto tiempo,
pronunciando la primera palabra,
la directriz irrepetible de ese primer día,
en el que todo pasa a ser mentira.
Aliados
lisialos
deslumbrados por sus alas
blandiendo esvásticas doradas
Sol de viejo,
al abrigo de un frio que quema,
con los pies descalzos y agrietados
gritando una última palabra,
en ese día
en el que todo pasa a ser verdad.