Ver la luz
en la España del 1900,
en el seno de una crisis colonial
enraizada en el patriarcado del tumulto
Canciones infantiles
normalizando
el horror de la contienda,
con: "Mambrú se fue a la guerra"
"Mambrú se fue a la guerra,
qué dolor, qué dolor, qué pena,
Mambrú se fue a la guerra,
no sé cuándo vendrá.
Do-re-mi, do-re-fa,
no sé cuándo vendrá".
Reviviendo nostalgias
de los amores del frente
en guerras pasadas
y momentos presentes
Memorias de fracturas,
de esperas eternas,
como: "El Barranco del Lobo"
«Ni me lavo, ni me peino,
ni me pongo la mantilla,
hasta que venga mi novio
de la guerra de Melilla».
Enfrentamiento de clases,
nacionalismos cortantes,
y el fragor del manantial del exterminio
Se siseaban las lecciones de historia
jugando por la calle,
jugando por la casa,
lecciones para nuestros infantes
como los del inicio de la Gran Guerra de 1914
Tiempos del caciquismo por montera
adquiriendo votos con solera,
manipulando censos sin espera,
y el pueblo
riéndole las gracias por lo propio
Asumir miserias,
aceptando las colas del hambre
y las ayudas públicas de beneficencia
¿Quién no ha fabulado de niño
con otros futuros posibles,
otros deseos asumibles,
como en el caso del "si fuera"?
Blandir astrágalos
en el juego de las tabas,
apretando las rodillas
frunciendo el ceño
de cuclillas,
levantando el puño en alto para hacer palanca,
y soltarlas a mano abierta,
arrojándolas contra el suelo
Germen oracular
de sincrético transitar,
con aquella obstinación de infancias grises,
que aprendieron el don de la supervivencia
a golpe de capón
Seguridad de los preceptos
repasando la lista de los Reyes Godos,
olvidando la cosmología de los ancestros arévacos,
y caminando solos,
casi descalzos
sobre un suelo helado
para ir a la escuela
Mi abuela Benita
siempre disfrutó de los entresijos de la historia,
y del plasmar destinos
desde un pensamiento crítico
y también desde lo mágico,
con los salpicones de las pinturas rupestres
penetrando en las paredes de la roca,
con los dedos extasiados de deseos
en el imaginario colectivo del augurio
Reverberaciones lumínicas
a la luz de las antorchas,
acotando la paleta de colores,
derivando hacia un gradiente monocromal
salpicado de inclusiones ferruginosas,
adornadas con unos versos arcoíris
que dolieron poco
Matizar perfiles
a mano alzada,
dibujando la cabeza del Moncayo,
culebreando con su aires de gigante
por el cerro de la antigua Oria,
acariciando los empedrados de las legiones
que despertaron en el paisaje
el brezo silvestre del arraigo
Moza
de resistencia numantina,
afrontando los enredos en el pelo,
a sus dieciocho años,
repeinándolos
entre tirabuzones de siegas,
mientras repartía agua fresca entre los mozos
Años más tarde,
los mismos mozos marcharían
al frente en 1936,
unos cantando el ¡Ay, Carmela!
otros cantando el "Cara al Sol"
Cantar abrazos de caracolas,
con su delantal zurcido de nostalgias
pelando patatas piel de sapo,
con postura reposada,
en una cocina de hierro forjado,
martilleada
para desprender el óxido del dictado
Tez curtida de sarmientos,
de hambre joven,
de estoicidad doméstica,
de mascarón de proa,
repasando las cantinelas de escuela,
recordando
las zozobras de la historia
Inicios de la Segunda Guerra Mundial
oscurecidos por las austeridades,
unas con finales abruptos,
otras con adaptaciones finales
Paseos de atardecer
para robar bellotas en el Monte Valonsadero,
para alimentar al cerdito del ahorro,
salvando las cenas de invierno
Juventud de sudor y tierra
pasando a las luchas de madre de posguerra,
escapando las madrugadas de estraperlo,
y perderlo todo por las tardes,
en manos de los tricornios cara perro
Necesidades de derivas instrumentales
acabando en abrazos de las doctrinas de ayuda,
en conventos de ideologías pernees,
para menguar el hambre
de uno hijos
con unos padres sin pan
Tiempos en los que el tío Bernardo
hacia dormir a mi padre en en el trigal
con nueve años,
abrazado al cencerro del miedo,
por si aparecían los lobos del espolio
A su muerte,
mi abuela Benita,
había conseguido ahorrar diez duros de plata
que había escondido por la casa
¿Quién podía imaginar
el poder acompasar
las necesidades de posguerra
con el tesón por labrar futuros?
Suyas fueron las monedas de la austeridad,
como lo fueron los dulces besos
a sus virgencitas de plástico luminiscente,
moldeadas en fragor devocionario
con isótopos radiactivos
de radio-226
La recuerdo repasar sus cantinelas
junto a la cama,
a sus 92 años,
historias de pasados prendidos
con las mismas progresiones tangentes
que las metástasis de nuestros imaginarios presentes
Nacionalismos de ego,
clientelismos de asalto
y los preceptos del olvido perenne
del exterminio de lo diferente
Clamores
de deshumanizaciones
previas a la extinción de:
en el sino de lo demente,
azuzando a los pueblos prendidos
en hogueras de odio y adscripción
Recuerdos
de los modos de asalto y sus
con un Amin Maalouf elocuente
mostrándonos a los genocidas
con sus perfiles de voceros erectos
señalando con sus egos
Contexto de conformismo amargo
aludiendo a los dogmas del precepto,
con cegueras populares
a las puertas
de otro mal cuento
Mi abuela
en su destiempo
nos advertía segura
del preludio de un nuevo comienzo
"cuidaros de los Idus de marzo"
En memoria de mi abuela Benita