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miércoles, 29 de abril de 2026

Alas de mariposa


Paseando por el prado verde, padre, hijo y adoquín, su sabueso tuerto, con sus nueve meses encofrados en la familia del siniestro

Hijo: papá, papá, mira, una mariposa lisiala!


Buscamos lo que somos

en el constructo que sostiene que,

el ser es material.

Cuando esto falla,

se proyecta la ansiedad por seguir encontrándonos,

como algo invisible,

el alma eterna,

movida por unos hilos también invisibles,

manipulados por las manos de un ser eterno,

resueltos a ser importantes,

a tener un fin.


Cuesta tanto reconocer el ser una mera casualidad,

un tropiezo enjaulado,

juguetes soñados,

amados,

deseados y odiados,

en un tiempo concreto que,

se desvanece con nosotros mismos,

al desdibujarse la mueca del haber sido conciencia,

en la insoportable levedad del ser


Padre: písala, písala, que ya no vuela, tiene el ala rota!

Adoquín, agudo, con el olfato de las huestes y ávido del titubeo, dando un salto se sitúa sobre el trofeo, engulléndolo de un sorbo.

Hijo: papá, papá! Adoquín se la ha zampado. Ahora la mariposa irá al cielo?

Padre: no, chiquillo, no! La cagará adoquín y será abono de progreso. Hijo, todo el mundo sabe que las mariposas no van al cielo!

Hijo: aaah! ...claro papá!

Adoquín, orgulloso, se relame satisfecho, y se tira un pedo, da tres vueltas sobre sí mismo, acelerado, olisqueándose el trasero, y caga y caga hasta lo inconfeso.

Hoy será día de celebración en la casa del siniestro.

Hijo: papá, papá, ¿Qué habrá para comer hoy? Mariposas? Ja, ja, ja... 

Paseando por el prado verde, padre, hijo y adoquín, su sabueso tuerto, se alejan ladera abajo, bromeando felices, entre ladridos y risas, hasta el ocaso del titubeo.

Brisa de primavera, y dos mariposas inquietas revoloteando a ras de suelo, posándose grácilmente sobre el montículo de lo inconfeso, extendiendo sus entumecidas probóscides, para sorber las sales del excreto.

Prosiguen ladridos, risas y juegos, emergiendo tenues restos de sus ecos a lo lejos. Himnos de espectros etéreos, fluyendo en las coordenadas de una de las tangentes de la irrepetible de la levedad del ser.