Crujen los muelles bajo nuestros pies descalzos,
con la silueta perfilada del jaleo,
reverberando
al compás de las ondulaciones del agua,
frente al velero desarbolado de tus abrazos.
¡Soltando amarras!
gritas con tu sonrisa Mona Lisa,
añadiendo sibilante
¡Hasta luego Cuqui!
Delirios salvajes
cual esporas de licopodio,
agolpados sobre el salitre de nuestras lágrimas,
repeliendo las necesidades del dictado,
las que pretendieron domar las tangentes de nuestras páginas.
Nada dura siempre,
resuena entre el tintineo de las drizas destensadas,
bajo la voluntad del viento,
a la luz de una Luna,
azuzando las velas de nuestras tramas.
Nada dura siempre,
aunque el recuerdo perdura,
se licua,
haciéndonos sueños
de un tiempo que se fue.
¡Hola Cuqui!
susurra el tiempo,
entre priones prendidos,
y apretadas prisas,
llamándonos
a desayunos privados de abrazos.
Una mueca de sonrisa Mona Lisa,
se dibuja en el reflejo de la plata de la estancia,
en un último recuerdo de zozobra,
añadiendo sibilante,
¡Hasta luego Cuqui!
(Para Charo)