Mensajeros promulgan
la evitación de los peligros,
con mensajes de miedo
trepidando en nuestros teléfonos móviles,
frente a los prolegómenos del trueno,
la caída del rayo,
y el terror aprendido
en las tormentas de asalto
Persistencia
del olvido perenne
de los avisos de futuros,
grabados en ciclos sedimentarios,
plasmados en mapas de inundaciones
Espíritu de Casandra,
llorando sobre proyectos urbanísticos ya trazados,
enmudecido por los constructos asépticos
que evitan todo apremio por gastar,
todo presupuesto de legislatura
al alcance del saqueo
Izquierdas y derechas,
rojipardos y rijinegros,
piando a lo ruiseñor,
extirpando con meticulosidad
todo afrontamiento del miedo,
una elaboración cuidada
de constructos ajenos a la frustración,
al dolor y al esfuerzo
Evitación de todo sufrimiento,
todo eso que pueda hacer perder
algunos votos en el tiempo
Seguir la buena doctrina de lo ciego,
lo sordo y lo mudo,
con los preceptos,
a escala generacional,
de la buena fiesta,
las subvenciones de circo
y los partidos de futbol de los domingos
Soma de sosiegos
para que no decaiga el ánimo,
abrigos dulces de lloros futuros,
extirpando todo asomo de los sustos,
hasta la llegada del tropiezo
Apuestas de vidas ajenas
frente a sus ausencias finales,
con los consuelos de la melancolía
arrojados a la ruleta rusa de su última congoja,
postrados y en pelotas en juego de las sillas
frente al vacío de la derrota
Tragedias anunciadas
por los mensajeros del miedo,
para evitar una presunta mala conciencia,
o una posible dimisión
Clama al cielo de nuestras tormentas
cada falta de previsión
a largo plazo,
no por sus buenos ni malos modos,
sino horribles,
por todos nuestros futuros posibles,
los de nuestros hijos e hijas,
los de nuestras nietas y nietos,
proyectos de humanidad,
por encima de nuestras ideologías arcoíris,
afrontando las consecuencias finales,
evitando recordar
más ausencias prematuras en nuestras vidas,
por siempre jamás