Buscar delicias
entre los ceniceros del
metro,
detectando las señales
Padre
siempre dijo
que por el
humo se sabe dónde está lo bueno
Sentir el juguetear de dos
dedos,
horadando entre cenizas
calientes,
palpando entre infinidad de
tropezones hirientes,
apartando
protosoluciones
candentes,
hasta alcanzar
el clamor de una
singularidad
Futuros: perdone… ¿Tiene
fuego?
Un crujir de cuello
liberando el entumecimiento
articular,
el agarrotamiento muscular
que paraliza el tono
cervical
tras otra noche sin techo
Cenicienta: ¿Quién lo pide?
Futuros: ¡Las fuerzas de seguridad!
Cenicienta: ¿Social?
Futuros: ¡No, esas ya no
existen…! ¡Las del decoro y las buenas formas!
Cenicienta: ¿Nacionales?
Futuros: ¡…y socialistas!
Esperar,
y rezar
Rezar de vez en vez,
atragantándose
con los himnos de los buenos salmos
Una vez ensalado y sin entrañas,
aliñando
entre babas y tegumentos segmentados,
morando en el bisel
de una sección fina bien cortada,
sobre el cristal esmerilado
de una lámina delgada bien tintada,
analizada,
por cualquier microscopio embargado
de cualquier hospital sin tiritas,
añorando
convaleciente
las risas de sus enfermeras salpicadas,
los colédocos sin pústulas
de sus médicos ausentes,
rescindidos
casi todos
antes de poder despedirse de sus pacientes
Sumergido ahora
en el vacío de una piscina sin éter,
flotando la sin vergüenza
de la sátira de los precipicios
Postulando,
por la horadada ciencia de los sepelios baratos,
por las cronicidades ausentes
y por los viejitos desahuciados
en la eterna sencillez de sus singularidades
Relinchando dudas,
desprendiendo mudas de desinterés,
entre los surcos de nuestras extinciones en casa
Grajeados hasta las grageas,
pildorizados hasta las mareas,
continuando con la búsqueda
de nuestro esperma colilargo,
de su supurada lefa,
frisando
de tarde en tarde,
por el por qué
de nuestras listas de espera
Brindando
todos juntos:
por la posología de los sismos,
por la eyaculación retrógrada y anterógrada,
por la erección del cobijo de un diagnóstico,
por el parkinsonismo biperidenimizado,
atragantados
hasta el edema de glotis,
y porque...
los recetarios austeros de nuestras dosis,
sigan siendo
el postre
de nuestras mesas
Zozobrar
a la polémica mercantilización
de una reinventada anormalidad,
descendiendo lentamente
desde la fisiología del ser prudente
hasta la amortización de una patente
Cotizar cirrosis al alza
para reducir la crisis de los mermados,
adoptando
poco a poco,
la silueta de un interrogante sin pregunta
por el desuso de su duda
Posologías de dependencia tayloriana,
ofertadas
entre entrecortadas rayas
de harina de broncoespasmo
Snifadas rifas,
rifadas,
premiadas y deseadas,
por cualquier cieguito cojo y desgarbado,
que ebrio por su postularidad
grite al mundo
el tropel de sus posologías
Conjuros liminales
que podrían leerse del revés
sobre el cupón de la mala suerte,
por no acertar ni a la de tres
el numero de la buena muerte,
aspirando a dar cabida
el arrastrar su austera vida,
por el escabroso entuerto de los etiquetados