Caer
al suelo
desde una altura moderada
Un impacto súbito
que deshace mi compostura
de éxito grupal,
traje de marca
con zapatos a juego
Un movimiento rápido
de desatino comedido
con un aire de sorpresa,
y esa vergüenza social
incrustada en el hipotálamo
que pesa más que la sangre de mis manos,
que mis rodillas peladas hasta el hueso,
que los seiscientos euros de tela hechos jirones
y ese dedo roto que se contorsiona hacia un lado,
que me duele como un demonio,
que me marea,
aunque me esfuerzo por mostrar que no lo siento
No puedo expresar mi dolor,
pero mis lagrimones me delatan
Me levanto del suelo con un brinco,
todo orgulloso,
con ahínco,
y sigo caminando con la cabeza bien alta,
con ese marchar de tipo elegante
y un controlado deseo de huir
de los testigos del momento,
de las pruebas de mi escarnio,
porque los hombres no lloran
Eso me decía mi padre,
eso me decían mis amigos,
eso que veo por la tele
Normas sociales implícitas
que me hacen hacer
sin querer,
que me hacen sentir
sin saber
quien soy
en esta jaula de grillos