Un
visto y no visto
calando
hondo entre mis alas de pega
Un
traqueteo sordo acomodando hombros
Historias
de prisas ausentes
Proyectos
suspendidos con cuatro y medio,
y risas de intenciones cubriendo el suelo
Curtidos
glúteos anidando asientos,
espacios
prestados,
aleteos
de brazos de melancolía ardiendo
Ansias
de humo,
y de carne en celo
Para
luego: ¿Me llamarás mañana?
Para
ahora: ya te habré olvidado
Comentario modificado, en
respuesta a “Tinder´o´rama” en SuperBogarde
Suma y sigue
con el cansado proceder
del seguir sin conseguir,
más que,
un presente
Singular,
colágeno infiltrado
discurriendo
por los trasiegos divertidos
de un bondage colorido,
bautizado
con vino tinto
Despistes negros
salpicando látex virgen,
aceitado,
modelado entre risas
y chistes verdes
Tentación: ¿Ya te toca?
... Porque ¿Quieres que te toque algo? ¿No?
En cueros lejanos
durante uno de esos trasbordos suburbanos,
con los roces justos
Marsupiales sombras
de fluorescencias estroboscopias
y voces tristes
Sibilantes despedidas
que pian solas,
convulsas intenciones
de arquetipos sempiternos
Cruzado pasado,
desfalleciendo,
desplomando todas sus hojas grises,
sobre las calaveras de dudas,
del plomizo día su desfallecimiento
Tentación: Pero ¿tú crees en Dios?
Devoción: !Ostia! Por su puesto
Atragantada repercusión
de culpa y llanto,
de sincretismo y canto,
en el cuento de los tropiezos
Tentación: tranquila devoción, es la humana condición, atragantada.
... porque, por suerte, el infierno sigue siendo cosa de los sustos.
Mi abuela Rita
siempre quiso llamarse Benita
como mi tío Benito
El día que nací
se propusieron llamarme Benitín,
por lo de Benito y Benita,
por eso de las cosas viejunas
y los propósitos de la tradición
La duda
entre el precepto atípico de la caprichosa fortuna
condujo a mi abuela a tropezar con el santoral,
para buscar el santo del día,
la nominal etiqueta
de mi futuro y mis condenas
el nombre que toca,
San Policarpo
Finalmente
quizás por la economía del registro,
se decidieron por Benito,
lo que quedó cosa bárbara
situado junto a mi apellido,
Mussolini