Show mutante
de escaparate vespertino,
de casuales anodinos
y botones sin ojales
Sinuosas caderas
en descenso viperino,
ondulando al aire
Pompas de jabón
y espuma de Fairy
chorreando por los codos
Dedos largos de mano frágil
sacudiendo la bayeta,
puliendo trasparencias con esmero
entre sensualidades otoñales
con regusto a sildenafilo
Doroteo y Tino,
aposentados,
observando
paralizados
desde su banco amigo,
frente a las mudas misas
que cubren las esencias
del callar del alboroto
Absortos
jubilados
con auriculares de circulares cercanías
de los pasados trasiegos al
pueblo,
cuando era pueblo
Reguetón de prisas lentas
moviendo sus barbillas
Quijoteras sin
dientes,
reposando derrotas
sobre los nudillos
de sus quebrados
Susurros de sibilantes "si fuera"
de los que le salvan a uno
de esa realidad abrupta
que chapotea cuajos de plástico
entre la espuma de las olas
Suspiros salados
y hambre de turgencias
que nunca llegan a silenciar del todo
el atropello de los estertores
y el sutil regusto a traqueotomía
Doroteo: hoy, yo fregaré los platos
Tino: eso será... ¡Por encima de mi cadáver!
Yin: Me dijiste
que no anduviera por el quicio de las cornisas,
por eso de los precipicios
y sus raras
formas,
por las forzadas
prestidigitaciones
que otorgan el receso
del expectante empacho de lo cotidiano
Yang: Sabes bien que,
el hábito no hace al monje
aunque,
si uno se empeña a fondo,
puede llegar a parecerlo
Yin: Pero...,
y que hay del interior,
de todos esos patrones prendidos
desde el empuje del anonimato,
porque
sabemos que queremos algo
¿No?
Yang: De eso,
y de los presos del imaginario,
sólo quedan pocas cosas:
beber, comer, mear y cagar
Yin: ¿y qué me dices del follar?
Yang: de eso se encarga el Qi de riñón
Yin: ¿por la proximidad de la cosa ¿No?
Yang: ¡no! porque la reproducción,
como la producción de grandes hombres,
siempre han sido cosas del Estado
Dieciséis ojos sin
párpados
se secan abiertos
por el ansia de verte
Oteando siluetas,
intuiciones periféricas
se fuerzan a comisura
abierta,
imaginando sus posibles
y las mejoras inciertas
que les ayuden a seguir
Dieciséis parpados sin
ojos
parpadean en el suelo
sacudiéndose el polvo,
intentando aclararnos algo,
las sombras de diciembre
y los anuncios de
intenciones
que despistan los presentes
Sorteos calientes
carentes de la mitad del pastel,
la que siempre se asegura el Estado,
esos de los premios profusos
que siempre son de otros,
los que exacerban el sentir
de seguir vivos,
vivos y con salud,
hasta el próximo sorteo de estampita y hambre,
y lo mejor de todo...
es compartirlo