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viernes, 11 de enero de 2013

Luminiscencias inconclusas


Inconexas luminiscencias inconclusas
esbozan contorsiones sísmicas
en la atemporal falla de mis locuciones,
entre las angostas equidades de mis intenciones,
derrumbando la inflexión de mis estancias
hasta convertirme en fango verde,
en el emplaste verde de tus atávicas mascarillas de diario,
las de tus posados de zombie amanerado,
de zombie emborrachado con el amor y la amargura
de la novela que da sentido a nuestras vidas,
nuestra historia reconstruida con esmero,
para mantener nuestra cordura subyugada,
para seguir vivos,
para seguir escribiendo cuentos y poemas,
mientras tú,
otra vez tú,
desde la cocina,
me gritas sulfurosa:

- ¡Pepe!
- ¿Dónde coño has metido los pepinos?
- ¡Joder!




miércoles, 9 de enero de 2013

Guille y Tina


Al alba...
 

Guille: Dulce sosiego me embarga ante vos afilada impaciente
en este bosque sin hojas que cobija ahora mi tez
Postrado por el salpicar de mis ideas a destiempo,
con la intrínseca inconstancia que caracterizó mi acostumbrado buen hacer.

Una y otra vez,
funambulismo al filo de la navaja.

Una y otra vez,
ojeroso anzuelado pez,
con los ojos secos y postrado en salmuera.
 

Tina: ansiaba veros desabrochado el cuello de la camisa, más no puedo decir lo mismo de vuestro horrible corte de pelo.

Guille: decidme apresurada,

mi dama
¡Oh! mi señora afilada
¿Hacia dónde divagan las ideas?

Tina: de bien seguro que al cesto de cabezas, deslenguado hereje.

Vos sabias de mi acostumbrado hacer,
más no pudisteis contener vuestro irreverente verbo.

El mundo...
 

Cabeza barbuda: ¿Quien osa perturbar el preludio de mi nuevo comienzo con tales bruscas formas?
 

Cabeza de Guille: El destiempo de mis ideas, mi amado turbado barbudo. 
¿No os habréis ruborizado por el libertino hálito de mi boca, o por las caricias de esta sin hueso que me ha arrastrado a vuestra alcoba?
 

Cabeza barbuda: No joven pendenciero, tunante del mimbre trenzado ¿Qué no os dais cuenta de que sois una simple cabeza soplándome la oreja?
 

Cabeza de Guille: No apasionado decapitado barbudo, triste guillotinado por un mal afeitado del que yo ahora doy fe. Yo soy algo más que eso, pues soy poeta. Recomponer mi cuerpo espero, aun descorazonado por vuestro monótono timbre y tales rudas formas,... más no os guardo rencor alguno, sólo el acostumbrado decoro ante vuestras tristes artes de pedantería.
 

Getsemani...
 

Voz desde el fondo del cesto de cabezas: silencio os pido como huéspedes de esta compartida morada,... y tú, lengua viperina afilada, calla de una puñetera vez.
¿Qué no catáis la hemoglobina de vuestro gaznate? ¿Qué no sentís el avance del rigor mortis en vuestras pálidas mejillas? ... o el tumefacto frío de este fondo azabache que cubre el arte de mi coronilla 

Tina: Aburridos tiempos modernos compartís los tres en este trance... 
Tú el barbudo desaliñado sabelotodo, tú el pedante iluminado que no goza más que de su ceguera poética, y tú, el que platica desde el fondo del culo de botella, al que nunca le dejaron salir del cuenco. Todos sois carnaza de degüello, suspiros apagados de afrancesada inercia, prescindidos tras este ciclo demográfico de treinta años recien cumplidos, que saben a pincipio del fin con ecos mayas,... hasta un nuevo despertar, aunque los mesías andan escasos estos días.
 

Digan lo que digan...



Irreflexiva desmesura dedicada a vomiton, sin tilde



martes, 1 de enero de 2013

Una cara conocida


Una cara conocida
después de veinte años de despedida
de aquel tiempo compartido,
repleto de gratos recuerdos de juventud

Te encuentro algo cansado,
sentado en el metro junto a tres chavales con edad de tirar piedras
y toserle al mundo que ellos serán los únicos supervivientes de entre los cinco,
de aquí a  cincuenta años,
o quizás cuarenta

Locuaz comentas sobre tu esfuerzo,
sobre tu día a día por cubrir las necesidades propias y ajenas,
por los gastos en estos tiempos de crisis,
desapegos y discusiones
que nunca llevan a ninguna parte,
y yo,
con esa empatía inventada,
que imagino,
que me esfuerzo en elaborar torpemente,
intentando compartir ese momento con un amigo,
aunque ya no puedo

Me esfuerzo y respondo a tu duda:

- yo no tengo hijos.

Aseveras,
sonríes
y en uno de esos momentos de lucidez valorativa
entre lo que se tiene y lo que se ha perdido,
respondes serio,
ahora sin mirar a tus hijos:

- Se tendría que vivir dos veces.

En el preciso instante en el que yo pensaba lo mismo,
y es que eso,
es lo que tienen las bifurcaciones del camino,
que topan con una corporalidad manifiestamente material,
insertada en el espacio tiempo de nuestra ratonera

Llegando a la próxima estación,
Dejas caer un esperado:

- Aquí me bajo

Mientras nos despedimos
con una de esas muecas idiotas de dos extraños conocidos
que no han podido evitar el cruce de sus miradas

Ambos nos miramos por última vez,
sabiendo que quizás nunca más nos encontremos, 
sabiendo que los dos no tenemos trabajo,
ni mujer,
y que mañana volveremos a la cola del paro,
sin hablarnos,
porque nuestra irracional vergüenza social
pesa más que el hambre
y que el recuerdo