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martes, 6 de agosto de 2013

Me pido agosto



Carmele: yo, este año me pido agosto

Dora: Pues mira por dónde, yo también..., porque mi hombre hace vacaciones, como siempre.

Carmele: pues tú verás, porque lo coges todos los años y este va a ser que no.


Carmele y Dora, enzarzadas en su trifurca vacacional, durante todo un mes de julio odiado y odiándose mutuamente, deseándose algo malo, cual carne de bruja lacerada antes del abrigo de su hoguera; al alba de sus inquisiciones, saborearon un desenlace:

Carmele fue trasladada dos días antes de fin de mes, al departamento de despiece cárnico, por su afiliación al sindicato del rimel; concretamente a la unidad de vaciado visceral, que aumentaba su actividad especialmente en el mes de agosto, por sus elevadas temperaturas y potenciales riesgos bacteriológicos, y por esas prisas domingueras estivales que siempre demandan más parrillas de costillar; con unas vacadefunciones automatizadas, con un olor a sangre rancia que cerraba la boca del estómago, y con aquel monótono granizado acústico de cientos de motosierras asincrónicas, acallando los desconsolados mugidos de una argamasa proteínica y hormonada, en el alba de sus rumiaciones.

Dora no tuvo tanta suerte. Fue asesinada tres días antes de comunicarle su cese improcedente. Despedida de la empresa, tres días antes del mes de agosto. Atropellada tres días antes por un coche  tuneado, parecido al viejo coche robado de Carmele. Abandonada en la cuneta de una curva meadera, en aquel especialmente caluroso mes de julio. Atropellada por un coche que se dio a la fuga y sobre el que no hubo juicio ni alboroto, en un tiempo y un espacio, en los que la privatización de la justicia y las defunciones colectivas, eran promulgadas por el mejor impostor.



miércoles, 31 de julio de 2013

Lapón varado


¿Lo piso?

¡Písalo, písalo!

Esto es lo que suele suscitar la pesadumbre de mis cisnes

Apesadumbrado,
derivo levógiro hacia una cloaca de intrigas
…mientras me pregunto
sobre el valor semántico de la desesperación

¿Lo piso?
... y sin querer,
me vuelvo a preguntar lo mismo

Aunque,
saberlo, saberlo…
pues es difícil de saber

¡Písalo, písalo!

Jadeo gorgoritos con mis gargajos de cazalla
como cada viernes por la tarde
antes de irme al carajo

Evaluando mi culpabilidad infundada,
abrumado por los tumores de los rumores voraces
y los vicios de las novicias
y sus mentiras y medias

Espeluznantes estrategias personales
que aplastan al que sólo quiere ser oído,
dentro de esta puta madriguera de cortejos

 
Gorgoritos,
gorgoritos

Fusilamientos diferidos de ruina amable,
que ni tan siquiera intentan ocultar su eco

¡Písalo, písalo!

Canta la sarna junto a la ventana 

Interrogado,
apoyo mi cráneo
sobre el bordillo de esta epidemia sin nombre,
preguntándome al oído,
... si hincando los modos en el suelo,
podría descubrir alguna vez
la desnudez de estos versos sin caja


lunes, 22 de julio de 2013

Esbozos torpes


Cuando era chico,
las pesadillas se solían dibujar de rapidillo y a lápiz
Siempre destacaban como esbozos torpes de avance apresurado
Siempre como lustrosos claroscuros de carboncillo erosionado
Polvo negro amalgamado entre deditos inexpertos
Carne de pedrera
Olfato de pocero ciego
Calibrador de detonadores inestables
subastado al mejor postor

Los pringosos dacs,
les conferían algo más que eso que llaman naturalidad,
algo más que aquel empalagoso broche arco iris
que irritaba tanto la tiña de mis ojos

¡Qué tiempos aquellos!

En los que los sparrings del verdugo
sólo tenían que chupar la lona
en el primer asalto

Hoy en día,
todos aquellos esbozos torpes
se comulgan con pesadillas garrapiñadas
Proclamas negligentes sin pasmos ni pestañas,
y con los dientes incrustados en el paladar